viernes, 28 de noviembre de 2014

La leyenda del verdadero amigo


Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. 
El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: 

HOY, MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO. 

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. 

El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. 

Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: 

HOY, MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA. 

Intrigado, el amigo preguntó: 

¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra? 

Sonriendo, el otro amigo respondió: 

Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.
La ratonera
Cierto día llegó a la granja un paquete. Un curioso ratón se asomó a la puerta de la entrada y vio a la esposa del granjero abriéndolo, pensando qué tipo de comida podría hallar allí..., cuando de repente vio con estupor que había una ratonera. Veloz como el rayo, corrió al patio de la granja y al establo, gritando:
- ¡Hay una ratonera en la casa! ¡Una ratonera!

Se acercó a la gallina, que estaba buscando lombrices en la tierra para sus polluelos y le advirtió:
- ¡Hay una ratonera!
- Discúlpeme, señor ratón -contestó la gallina-; entiendo que le suponga un problema, pero entienda que a mí y a mis polluelos no nos perjudica ni nos molesta de ningún modo

Llegó el ratón junto al cordero para avisarles:
- ¡He visto una ratonera en la granja!
Pero el animal le dijo:
- Vaya, es una lástima. No veo qué puedo hacer para ayudarle. ¡Espero que no le suceda nada!

Desesperado, el ratón fue corriendo hacia el establo y en cuanto vio a la vaca le dijo agitado:
- ¡En la casa hay una ratonera!
- ¿Cómo? -replicó ella indiferente-, ¿una ratonera? Pero entonces yo no estoy en peligro. ¿Acaso me incumbe...?

El ratón, apesadumbrado, se volvió a su cobijo con sumo cuidado, afrontando solo el peligro que le acechaba.

Aquella misma noche se escuchó un chasquido. La ratonera había alcanzado a su víctima... La mujer del granjero corrió al lugar, sin percatarse, en la oscuridad, que la trampa había agarrado la cola de una víbora venenosa. Se aproximó y la víbora la mordió con su veneno fatal.

El granjero la llevó rápidamente al hospital, de donde volvió con fiebre. Para alimentarla y aliviarla, su marido decidió hacer un buen caldo de gallina. Tomó, pues, el granjero un cuchillo y fue a buscar el principal ingrediente de la sopa: la gallina.

La enfermedad de ella se fue agravando, y los parientes y vecinos acudían a visitarla para animarle y ayudar al preocupado esposo. Para alimentarlos, mató al cordero.

Pero la mujer no resistió, y acabó falleciendo. Muchas personas asistieron al funeral. El pobre granjero, agradecido en la tribulación por la solidaridad de todos aquellos buenos amigos, resolvió matar a la vaca para dar de comer a todos.

Y así por causa de la ratonera, que no era asunto de nadie y a ninguno importaba, acabó siendo la causa de la desgracia de la granja entera